Cuando regresas y el cuerpo ya no responde igual

Volver al ring después de un tiempo fuera no es fácil, y eso mucha gente no lo entiende. Piensan que con entrenar fuerte, correr más o verte bien en el gimnasio es suficiente, pero la realidad es otra completamente distinta.

Hace unos días vimos dos casos muy claros: Keith Thurman y el Gallo Estrada. Dos peleadores con nombre, con trayectoria, con experiencia, pero que llegaron a la pelea con algo que en el boxeo pesa más de lo que muchos creen: tiempo sin pelear.

Yo siempre he dicho que el gimnasio te puede engañar. Ahí te sientes bien, te ves rápido, hasta puedes dominar a los sparrings, pero el día de la pelea es cuando realmente sabes dónde estás parado. El ring no te miente.

Cuando dejas de pelear por mucho tiempo, pierdes cosas que no se recuperan fácil. Pierdes la distancia, pierdes el ritmo de combate, pierdes esa constancia que solo te dan los rounds reales. Sí, también ganas otras cosas, entiendes mejor el boxeo, lo ves con más calma, analizas más, pero el cuerpo ya no responde igual.

Los reflejos ya no son los mismos, la reacción tarda un poco más, y la explosividad que antes salía natural ahora cuesta. Y en este deporte, ese pequeño segundo hace toda la diferencia.

En las peleas se notó. No porque no supieran lo que tenían que hacer, sino porque el cuerpo ya no les permitió hacerlo como antes. Y ahí es donde empieza la frustración.

En el caso de Thurman, terminó molesto, reclamando al réferi, diciendo que no debieron parar la pelea. Pero siendo sinceros, la pelea ya no estaba para seguir. Y él lo sabía. Lo que pasa es que entra la vergüenza deportiva, el orgullo, y no te deja aceptar que esa noche no te alcanzó.

Del otro lado, el Gallo tomó una decisión que no es fácil. Decidió no salir al siguiente round. Entendió que no era su noche y que seguir ya no tenía sentido. Eso también es carácter, aunque mucha gente no lo vea así.

Porque cuando uno regresa buscando otra vez la gloria, muchas veces piensa que todo va a ser como antes, pero el boxeo no funciona así. El boxeo no tiene memoria, no le importa lo que fuiste, le importa lo que eres en ese momento.

Y cuando el cuerpo no responde, se siente.

Hay dos maneras de tomarlo: o lo entiendes y ajustas, o te enojas y peleas contra algo que ya no puedes cambiar. Y esa es la parte más difícil para cualquier peleador, aceptar en qué momento estás realmente.

El boxeo es un deporte que no se deja fácil. Se te queda en la cabeza, en el cuerpo, en la forma de vivir. Pero también hay que saber cuándo ajustar y cómo seguir.

Porque arriba del ring puedes intentar engañar a todos…
pero no te puedes engañar a ti.

Y cuando el cuerpo te lo dice, más vale escuchar.
Al ratón le gusta el queso.

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