Amigos, el boxeo no solo se pelea arriba del ring. También se vive, se recuerda y se cuenta. Y en mi caso, siempre ha sido así.
Desde hace algunos años he entrado y salido de proyectos, de programas, de podcasts, no por falta de ganas, sino porque la vida, los compromisos y otras responsabilidades me han ido moviendo de lugar. Pero hay algo que nunca se ha ido: la necesidad de hablar de boxeo.
Para ser exactos en los tiempos, todo esto empezó en plena pandemia. Estábamos encerrados, con incertidumbre, con demasiadas horas libres y pocas salidas. Yo soy inquieto por naturaleza, no sé quedarme quieto mucho tiempo, así que un día decidí comprar una computadora y empezar a hacer lives en Facebook. No había guiones, no había producción, no había más intención que sentarme a hablar y saludar a la gente.
Así, simple.
Empezamos a prender la cámara, a platicar de boxeo, a contestar mensajes, a leer comentarios. Y poco a poco se me ocurrió algo que terminó siendo clave: empezar a llamar a amigos boxeadores en vivo. Sin avisarles mucho, sin preparar preguntas, dejando que la gente pidiera qué quería saber. Las llamadas se transmitían tal cual, con lo bueno, lo incómodo, lo espontáneo. Ahí me di cuenta de algo: a la gente no le interesaba el discurso bonito, le interesaba la verdad.
Eso fue creciendo hasta que decidimos formalizar un poco más el asunto y nació Un Round Más, ya con un foro, con un compañero que en su momento se sumó al proyecto. Era una plática entre amigos, con respeto por el boxeo, sin poses, sin personajes inventados. Como se habla en el gimnasio, como se habla después de entrenar.
Con el tiempo, por distintas razones, ese proyecto se interrumpió. Mi compañero decidió dejarlo y yo también me alejé un tiempo por otros asuntos. Pero mientras regresaba, mientras acomodaba el camino, empecé a trabajar en algo que traía en la cabeza desde hace muchos años: Ring Mundial.
Ring Mundial no es un invento nuevo. Es un nombre con historia. Empezó en 1955 con Valente Pérez, fue una sensación en los 60, 70 y 80, después pasó a manos de Benjamín Mora y finalmente llegó con nosotros. No es cualquier cosa. Es una marca que representó al boxeo cuando el boxeo se contaba con respeto, con pasión y con criterio.
Por eso he ido lento. Porque las cosas que valen la pena no se hacen a las carreras. Ring Mundial no es un proyecto para improvisar, es un proyecto para construir. Y hoy puedo decir que estoy decidido a llevarlo al lugar que tuvo, o incluso más arriba, porque el boxeo sigue vivo y necesita espacios donde se hable bien de él.
No desde el escándalo, no desde la mentira, no desde la comodidad del que nunca se puso los guantes. Sino desde la experiencia, desde el ring, desde el respeto al peleador que se parte la cara por cumplir un sueño.
Un Round Más y Ring Mundial no compiten entre sí. Se complementan. Uno nació de la urgencia de hablar, el otro de la responsabilidad de contar. Ambos vienen del mismo lugar: del amor por este deporte. Yo no me siento frente a un micrófono para sentirme importante. Me siento porque el boxeo me dio todo y creo que lo mínimo que puedo hacer es contar lo bonito del boxeo, incluso cuando duele.
Seguiré hablando, seguiré contando historias, seguiré analizando peleas. A veces con micrófono, a veces con pluma, a veces con improvisación. Pero siempre con respeto.
Porque al final, a los que amamos este deporte, nos pasa lo mismo:
podemos alejarnos un rato… pero siempre regresamos por un round más.
Amigos, al ratón le gusta el queso.
Erik Morales
